lunes, 5 de mayo de 2014

Mi Luna Lunera Cascabelera


En el refugio del atardecer, cuando las sombras caen, allí, resguardado de las inclemencias, veo el viento pasar. Sopla una melodía, me gusta escucharla, por que me habla de vida. No tardo y voy a su encuentro, para respirarla, adentro y hondo, si es preciso comerla, para insuflarme con su aliento.

De repente, inusitadamente, percibo una fragancia nueva, sutil, por lejana, embriagadora y coqueta con las olas del aire, que maravilla. La noche cae e inmerso en el ventoso caudal, extiendo mis brazos, mi piel vive su eólico poder, me lava con su olor. A lo lejos, aparece majestuosa la Luna, y el búho vuela a su encuentro, lo entiendo, el sabe que de allí procede la esencia de ese perfume.

Noche tras noche voy a su encuentro para regalarme con su luz, para que tiña mis sueños y evapore mis temores, me regocijo en su presencia, amplío mis alas  y espanto mis sobresaltos. Noche tras noche, me acompaño con su silueta reflejada en el lago, paseamos juntos sobre la brisa de su fragancia, el mundo desaparece con su mirada, redonda y penetrante, hipnotizante, benevolente. 

De vez en cuando me atrevo a susurrar su nombre y darle un pedacito de mi…  a ella…  que es tan grande y lejana. Noche tras noche, ella vive en su mundo, y un pajarito le canta que la adora. Ya no me siento pequeño, ella, como una tormenta, me llena, me levanta y me  atrae. La ilusión de su tacto desconcierta mi cordura y le digo que sin ella la tierra se perdería, ella me mira y abarca mi ser con su manto invisible  ¡me ha visto! sabe que existo, ya nunca nada será igual.

jueves, 1 de mayo de 2014



Carta a mi amigo René


Tengo una teoría, podríamos llamarla la teoría Churchil. Se dijo que Churchil era lo que Gran bretaña necesitaba para ganar la guerra, el mismo decía sentirse más vivo inmerso en la crisis continua de un evento de tal magnitud, después de la guerra se sentía obsoleto. 

Creo que tu y yo necesitamos que constantemente la vida nos desvele (alethia) algo, siempre estamos buscando, inquietos por un poco de adrenalina por más conocimiento que nos maraville, sin embargo, con el paso de los años nos hemos vencido poco a poco al letargo del guerrero en tiempos de paz y la vida nos a engordado o mejor aún, estamos hinchados de aburrimiento y por mucho que lo guardemos, en la última neurona de nuestro cerebro, ahí está ese inconformismo que tratamos de matar durmiéndolo con la rutina del día a día. 

Somos unos viejos inmaduros que todavía buscan su sitio en el mundo, no sabemos o no aceptamos todavía quiénes somos y deseamos olvidar que debemos luchar por ello por que 40 gordos años son muchos aunque sea la mitad de nuestra vida.