lunes, 5 de mayo de 2014
Mi Luna Lunera Cascabelera
En el refugio del atardecer, cuando las sombras caen, allí, resguardado de las inclemencias, veo el viento pasar. Sopla una melodía, me gusta escucharla, por que me habla de vida. No tardo y voy a su encuentro, para respirarla, adentro y hondo, si es preciso comerla, para insuflarme con su aliento.
De repente, inusitadamente, percibo una fragancia nueva, sutil, por lejana, embriagadora y coqueta con las olas del aire, que maravilla. La noche cae e inmerso en el ventoso caudal, extiendo mis brazos, mi piel vive su eólico poder, me lava con su olor. A lo lejos, aparece majestuosa la Luna, y el búho vuela a su encuentro, lo entiendo, el sabe que de allí procede la esencia de ese perfume.
Noche tras noche voy a su encuentro para regalarme con su luz, para que tiña mis sueños y evapore mis temores, me regocijo en su presencia, amplío mis alas y espanto mis sobresaltos. Noche tras noche, me acompaño con su silueta reflejada en el lago, paseamos juntos sobre la brisa de su fragancia, el mundo desaparece con su mirada, redonda y penetrante, hipnotizante, benevolente.
De vez en cuando me atrevo a susurrar su nombre y darle un pedacito de mi… a ella… que es tan grande y lejana. Noche tras noche, ella vive en su mundo, y un pajarito le canta que la adora. Ya no me siento pequeño, ella, como una tormenta, me llena, me levanta y me atrae. La ilusión de su tacto desconcierta mi cordura y le digo que sin ella la tierra se perdería, ella me mira y abarca mi ser con su manto invisible ¡me ha visto! sabe que existo, ya nunca nada será igual.
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